03 Dic

Filosofía y Marketing

Carlos

Durante toda la historia ha habido combinaciones ganadoras. Jamón y queso, bacon y dátiles, película y palomitas o sofá y mantita son ejemplos de lo que hoy quiero hablar: a veces 1+1 son mucho más que 2.

Marketing y filosofía: ofrece algo más

En un momento de sobreproducción como el actual, casi nadie hace ya algo diferente. Hay una enorme cantidad de empresas que ofrecen productos o servicios prácticamente idénticos, lo que obliga a buscar una experiencia que otorgue una diferenciación. Todos conocemos ese “no sé qué” de exclusividad y excelencia que tiene Apple, la bondad que tenía Google o la exquisitez en el trato con el cliente (que no con el proveedor) que tiene Amazon. Todo eso son “filosofías” que forman parte del marketing. 

Una filosofía es algo que debe ser entendido y llevado a cabo por toda la empresa en todos sus ámbitos. Incluso más allá de las capas que tienen contacto con el cliente. Y todas tienen algo en común que no debe olvidarse: siempre se realizan pensando en el consumidor. Una filosofía es, por tanto, una estrategia para satisfacer de la mejor forma posible las necesidades y deseos del consumidor.

Una filosofía es, por tanto, una estrategia para satisfacer de la mejor forma posible las necesidades y deseos del consumidor.

Como digo, estas filosofías deben permear toda la actividad de la empresa, más allá de aquellos departamentos o capas que tienen más contacto con el cliente: Producción, producto, venta y comunicación/marketing.

Esta es la acepción más importante a la hora de hablar de la relación entre el marketing y la filosofía (con minúscula), pero ¿es posible realizar una relación entre el marketing y la Filosofía (con mayúscula)? Pues también, y de eso es de lo que te voy a hablar hoy.

Filosofía y marketing

¿Qué entiendo por Filosofía? La Filosofía (con mayúsculas) es literal y etimológicamente “amor por la sabiduría” “φιλoσoφία”. Pero más allá de esta traducción excesivamente literal, la filosofía puede entenderse como una serie de saberes teóricos que surgen a través de la reflexión sobre nosotros mismos (como humanos) y nuestro entorno (las circunstancias que diría Ortega y Gasset), entendiendo “entorno” también en sentido metafísico.

Parafraseando a Victoria Camps, el papel de la filosofía debe ser hacer preguntas, plantear problemas y dar razones para tomar decisiones. O lo que es lo mismo: ayudar a pensar.

Desde su origen (occidental) en la Grecia del siglo VII antes de Cristo, la filosofía ha servido a los seres humanos como guía, como brújula. Lejos del típico chascarrillo que afirma que la Filosofía “no sirve para nada”, lo correcto es afirmar todo lo contrario: la filosofía sirve para todo porque la filosofía es, primordialmente, una actitud vital. Es la esencia de lo humano.

Tanto marketing como filosofía hablan de qué somos, de qué queremos, qué esperamos, de cómo anhelamos. Hablan sobre la necesidad, sobre la apariencia, sobre la belleza y sobre mucho más.

Siempre se cuenta la anécdota de Steve Jobs y su idilio con el arte o con la tipografía, que no es más que la Estética aplicada a la experiencia del usuario. Se habla del “Don’t be Evil” de Google, que es Ética. La Lógica, que impregna cada decisión que se toma en el mundo de la medida que es el Marketing Online. Y un sinfín de tareas diarias que implican a la Epistemología, o la Psicología (que empezó siendo una disciplina filosófica), e incluso aquellas de naturaleza más puramente metafísica o emocional que también se deben tener en cuenta a la hora de determinar cualquier estrategia de marketing (valga como ejemplo el marketing aspiracional o el marketing de escasez, que explotan miedos y sueños).

Mientras el marketing operativo tiene las horas contadas porque robots, la inteligencia artificial y el aprendizaje máquina ejecutarán más, mejor y más barato, el marketing estratégico, el más valioso y de difícil automatización, aquel que habla de “lo humano”, es sustancialmente filosófico y por eso hay cada vez más profesionales que, como ocurre en mi caso personal, empezamos formándonos como filósofos y acabamos teniendo contacto profesional con el marketing. 

Esa actitud de continua reflexión, duda y cuestionamiento es la clave de la optimización de cualquier acción de marketing. ¿Por qué? Porque sólo aquel que se pregunta puede buscar respuestas. Sólo aquel que no se conforma con lo dado puede mejorar. Siempre hay una forma de aquilatar un mensaje, siempre hay ocasión para retocar una audiencia o siempre existe una forma diferente de abordar un problema. 

Marketing sine Philosophia nihil est.